martes, 8 de octubre de 2013

La España de la Reconquista - El advenimieno de los Trastámara - "El entronque de las Casas de Trastámara y de Austria, y el 'destino imperial' " (3ª nota)

                                        Fernando III, el Santo, gloria de la Casa Real de Castilla

El monarca (Carlos VII) se vale de los grandes sucesos favorables para afirmar un “absolutismo naciente”: impuestos y ejército permanentes, dejando de reunir los Estados Generales y el Concejo de la Iglesia de Francia[1].
         De una situación desesperada se pasa a la sostenida recuperación. Francia tiene su primera constitución y el primer ejército estable -con mercenarios suizos- bajo Luis XI (+1483). Las luchas con Borgoña abren el camino hacia Italia. Había nacido el estado nacional[2] y un nuevo rumbo para la Historia.

La España de la Reconquista - Advenimiento de los Trastámara (siglo XIV)

         Antes de Isabel, en el período que va de 1230 a 1474, en León y Castilla reinarán los siguientes monarcas:

Casa Real de Castilla
Fernando III, el Santo
Alfonso X, el Sabio 
Sancho IV, el Bravo
Fernando IV, el Emplazado
Alfonso XI, el Justiciero
Pedro I, el Cruel
Rama de Trastámara
Enrique II, el de las Mercedes,
Juan I
Enrique III, el Doliente,
Juan II
Enrique IV, el Impotente

         Y en Aragón, entre los años 1213 y 1479, en que asciende Fernando el Católico, ocuparán el trono:

Casa Real de Aragón
Jaime I, el Conquistador
Pedro III, el Grande
Alfonso III, el Franco
Jaime II, el Justo
Alfonso IV, el Benigno
Pedro IV, el Ceremonioso
Juan I, el Amador de la Gentileza
Martín I, el Humano
Interregno – Compromiso de Caspe (1410-12)
Casa de Aragón-Trastámara
Fernando I, el Honesto
Alfonso V, el Magnánimo
Juan II

         La España del Cid y de San Fernando nos aparece circunstancialmente unida y fuerte en las Navas de Tolosa.
En la festividad de la Virgen del Carmen, los reinos de Portugal, Navarra y Aragón, codo a codo con Castilla y León, -auxiliados por pastores que, según la tradición, más parecen haber sido ángeles-, enfrentan a los musulmanes infligiéndoles trascendental derrota (1212). Las cadenas del campamento moro son cortadas por los navarros y pasan “ad perpetuam rei memoriam” a ser el alma de su escudo de armas. Le cupo a Alfonso VIII de Castilla, el de las Navas (1158-1214),  la honra de encabezar la epopeya.
         La victoria abre un portillo en la Sierra por el que entra su nieto, San Fernando III de Castilla, con su “frente andaluz” reforzado por las mesnadas señoriales y las milicias de los ayuntamientos. Gran efecto tiene la conquista de Córdoba (1236), antigua capital del Califato, debiendo los moros, por orden del Rey, devolver las campanas que habían sido robadas por Almanzor y cargarlas hasta Santiago de Compostela.
         Intenta el imposible de conquistar Sevilla formando la primera escuadra castellana.  Avanza la flotilla por el Guadalquivir y corta estruendosamente las cadenas que amarraban el puente de barcos moros, dejando separada la ciudad en dos. Los soldados trepan las murallas y “más tarde se paseaba triunfalmente…la que él consideraba la vencedora…la Virgen de los Reyes”,  relata Pemán[3]. Es la Reconquista en su más alta expresión.


[1] „Dictionnaire des Biographies“, P. Grimal, de la Sorbona, t. I, p. 304.
[2] “Atlas DTV zur Weltgeschichte”, Kinder & Hilgemann, ed. Deutscher Taschenbuch Verlag, p. 141
[3] José María Pemán, „La Historia de España contada con sencillez“, ed. Escelicer, p. 125.

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